domingo, 14 de abril de 2019

[5] La niña y el venado

-¡Una maldición! -Le gritó Nocte por la mañana mientras recogían los peces de sus trampas. Trutius no había querido forzar una conversación desde la discución de la noche anterior y Nocte tampoco había mostrado mucho esfuerzo en recuperar su buen humor. Había accedido a acompañarlo a recoger las trampas únicamente porque no quería despertar a sus dos nuevos amigos, pero no había hablado durante todo el proceso, por lo que Truti pegó un salto cuando lo oyó gritar aquello y taparle el morro para que no gritara otra barbaridad y atrajera a algún bandido.
-¿Quieres bajar la voz? ¡Harás que nos encuentren!-Lo soltó con un movimiento brusco y lo miró con el ceño fruncido-¿Y que es eso de una maldición?
-Decía-Continuó tranquilo mientras se acariciaba la nariz- Que eso es lo que puedo decirles a los muchachos, que todo se trata de una maldición.-Terminó sonriente. Era increible como a veces lograba parecerse tanto al niño pequeño que recordaba.
-Deja de decirles así, no son mas que niños molestos-Gruñó Trutius mientras bostezaba
-Ajá. Tu mismo lo haz dicho, no tardarán en sospechar, ya incluso siento la mirada de Mur cada vez que me volteo, decirles la verdad sería lo mas inteligente y aligeraría un poco e ambiente.
-No estarás pensando en...-Comenzó Trutius abriendo bien grndes los ojos, no podía decirles, simplemente no podía.
-¡No se los diré diractemente!-Miró nervioso al rededor y susurró- Les diremos que tengo una maldición-Abrazó su mientras el sol ocultaba sus ojos tras los lentes- Cosa no muy alejada de la realidad, una maldición hecha por un demonio antes de que naciera que genera los temblores.
El gato blanco se llevó la mano a su corta barba y pensó por un momento lo que le planteaba su hermano. La idea no era mala, explicaría casi cualquiera de los síntomas que tuviera Nocte (excepto el mas extremo, eso era inocultable), e por qué ambos estaban huyendo (En el Reino del Fuego la brujería estaba prohibida) y, si tenía algo de suerte, ambos niños los ayudarían a ocultarse.
Movió la cola, incapaz de concerderle con palabras la victoria a su hermano.
-¡Eso es un sí!-Rió Nocte, mas contento de lo que lo había visto en meses.-Pero tendrás que decircelos tú.
-¿Qué? ¡Ni hablar! Es tu idea, son tus amigos y es tú problema.-Estalló Truti, feliz de poder reporcharle algo. ¿Como podía siquiera sugerirlo? ¿él, que odiaba esos niños mas que a cualquiera? Indignación era la palabra que mejor encajaba.
-¡Por favor!
-No, ya eres mayor, no puedes seguir dependiendo de mi para hacer el trabajo dificil.-Dicho esto tomó todos los peces, se los colocó al hombro, y volvió a su improvisado campamento, dejando tras de él a un Nocte malhumorado y frustrado.
Media hora después los cuatro se encontraban desayunando (pescado, como siempre), sentado alrededor de los restos de la fogata.
-Nocte.
-¿Que ocurre Shielo?-Preguntó el aludido quitándose una espina de la boca.
-¿Por qué tiemblas?-Preguntó con inocencia, mirándolo con sus penetrantes ojos celestes.
Muaro se había paralizado, y miraba a Nocte con incluso mas intriga que el cachorro, con el pescado aun en la boca.
-¡Y-yo no tiemblo!-Respondió deprisa y Trutius no pudo evitar pisarle la cola. La oportunidad se había presentado antes de lo esperado y el idiota no se animaba a aprovecharla.
-Si lo haces, muy seguido en realidad-Mur tragó sonoramente-Estás temblando ahora mismo.
-¿Que...?-Se miró a sí mismo y, en efecto, temblaba. El hecho de que no se diera cuenta preocupó en gran medida a Trutius, aquella horrorosa fecha se acercaba a grandes y sonoros pasos.-¡Ay! ¿Que? ¡Oh, sí!
Se acomodó en su roca y miró a sus amigos, los nervios acentuaban sus temblores.
-Tengo una maldición.
Cielo comenzó a toser violamente, se había tragado una espina que salió con una simple palmada por parte de de Muaro, que luego permaneció de pie frente al gato negro y blanco.
-¿Una maldición?
-Cuando nuestra madre estaba embarazada de él-Decidió seguir Truti, al ver como el pelo de su hermano se erizaba.- yo tenía un mentor que me ensañaba todo lo referido al infierno y sus demonios, que luego de varias discusiones maldijo a mi madre y luego huyó.-Sintió como Nocte se encogía junto a él, sabía que no se trataba de ningún mentor-Nuestra madre murió y Nocte quedó maldito de por vida.-Terminó el relato sintiendo el típico fuego en el estómago cada vez que pensaba en la muerte de su madre.
-¡Que triste!-Murmuró Cielo, mirandolos a ambos, con mas emoción de la normal en sus ojos de Wynser.
-¿Por eso es que tiemblas, porque te han echado una maldición?-Mur lo miraba con el ceño fruncido, sin tragárselo del todo.
Nocte se limitó a asentir, ahora mas serio.
-Tiende a empeorar durante los cambios de estación, no paro de temblar, mis llamas se descontrolan y apenas puedo pegar el ojo por el nerviosismo que me provoca, en los bosques hay mucha sombra-Miró con fingido nerviosismo a la inmensidad que lo rodeaba, sabiendo que en las sombras solían ocultarse los demonios.
-Tiene sentido, lamento lo de su madre-Respondió Mur luego de analizar la situación, asintiendo lentamente.
Los hermanos asintieron y se miraron con algo de sorpresa. Ambos habían reaccionado bien. Demasiado bien.
-Y supongo que por esa razón huyen de su Reino-Continuó Muaro entrecerrando los ojos- las Flamas no soportan ni tan solo la mas indirecta mención de la brujería desde lo que le ocurrió al Príncipe Brazor hace cuatro generaciones.
-Eh...Sí-Respondió Truti, poniendose nervioso. La gran inteligencia de la Nutria lo ponía muy nervioso.
-Tiene sentido-Repitió, haciendo otra pausa, para luego comer otro pescado.
Decidieron caminar un tanto hasta llegar a una hermoso y oculto estanque de gran tamaño y profundidad, en la que decidieron pasar el día y descansar.
Mur se zambulló al agua casi de inmediato y se ofreció a lavar la ropa de todos, llenas de escamas de pescado y polvo.
Cielo se limitó a sentarse en la orilla, con lo pies en el agua, mirandola con curiosidad. Truti se recostó en unas rocas por donde corría la salida del agua y las calentó hasta sentirse a gusto, y Nocte meditó (sin sacarse la ropa, afirmando que ésta estaba limpia) del otro lado del estanque, donde un enorme avellano le proporcionaba agradable sombra.
El día era hermoso, la temperatura del aire y del agua ideal y no había mas que el ruido de la brisa en las hojas que los molestara.
¡BOOOOOM! y un grito desgarrador.
El corazón de Trutius se detuvo violentamente y dirigió una mirada veloz hacia su hermano. Nocte estaba sentado, muy tieso, y completamente erizado, a la sombra del árbol, con lo ojos desorbitados del horror.
Se levantó de un salto y echó a correr hacía donde provenían los gritos. Truti se colocó rápidamente sus pantalones y lo siguió tan rápido como le permitieron sus piernas.
¡No podía ser! Habían elegido ir por el bosque para evitar que ésto ocurriera. Evitar detenerse en su camino era con el objetivo de evitar situaciones así.
Sintió a los otros correr detrás de él y vio a su hermano a pocos metros.
Se detuvo en secó, siendo empujado por los niños hacia adelante, pero recuperándose al instante.
Frente a él, estaba Nocte, parado muy atento frente a una pequeña niña (una pequeña cierva de no mas de 8 años), ambos parados sobre un enorme crater en el suelo. Junto a ellos había un cuerpo muy maltrecho de un gran ciervo de enormes astas, apenas parecía respirar y sangraba de todos lados, rodeado de fragmentos de rocas.
En una Dúo. Lo supo con un escalofrío que creía haber superado.
Aquella niña era un Dúo y acaba de explotar, había herido al que parecía ser su padre y ahora Nocte estaba parado frente a ella, mirándola fijamente, sin dar cuenta del peligro en el que se encontraba.
-¡Nocte!-Gritó con apuro, tenía que sacar a su hermano de allí lo más pronto posible, pero sabía que no podía arriesgarse a acercarse a la Dúo.
-Trutius-Murmuró Nocte, sin despegar los ojos de la niña, con aquel tono de voz que le ponía la piel de gallina- Váyanse de aquí, ¡Ahora!-Lo miró y Truti vio un destello dorado en sus ojos, promesa de un desastre inminente.
-¡El hombre aún respira!-Gritó Muaro, que quien sabe como había llegado al otro lado del claro, sentado junto al venado.
La niña se echó a llorar y la tierra tembló bajo ellos. La cervatilla cambió, y piel pasó a ser de un dorado brillante. Había cambiado a su otra forma.
Nocte la envolvió entre sus brazos y gritó, ahora con mas urgencia que antes.
-¡VÁYANSE! ¡TOMEN AL VIEJO Y CORRAN TODO LO LEJOS DE AQUÍ QUE PUEDAN!
Trut empujó a Cielo, que estaba paralizado mirando a la niña, y ambos corrieron a ayudar a Mur a sacar al hombre de allí.
Truti permitió que los otros lo arrastraran y volvió junto con su familiar.
La niña lloraba y gritaba, mientras el suelo se resquebrajaba debajo de sus pies.
Nocte, ya libra de las miradas de sus amigos, protegía a la pequeña niña con aquella faceta suya fiel y paternal, negándose a soltarla. Truti entendía que ambos la miraban de manera diferente, aquella era una niña pequeña, perdida en su propio poder y cuerpo, que acababa de perder a su padre a causa de su descontrol y que ahora no podía detenerse.
Un destello de luz manó de ella y lo encegueció.
Un ¡Boom! y su cuerpo chocó contra un árbol.
Otra explosión y Trutius abrió los ojos. El claro se había ampliado, los árboles yacían rotos y muertos en el suelo y Nocte...
Estaba arrodillado, sentado en el centro del cráter, con el pequeño cuerpo de la niña entre sus brazos, sollozando con una voz ronca impropia de él.
Truti se acercó lentamente, la espalda le dolía. Se inclinó junto a él y vio a la niña. Tenía el cuello roto.
-Yo no....y-yo no quería...-Murmuraba el muchacho, mirándolo con los ojos enteramente amarillos anegados de lágrimas.
-Lo has intentado, hermano.-Se limitó a decir el gato, posando una mano en su hombro. Dichoso era el destino de los hijos malditos, nacidos del intento de revertir el juego. Repitió estas palabras a su hermano menor.
-¡Tuve que matarla! ¡I-intenté el bloqueo, Trutius! De veras que lo intenté-Sollozó el minino, abrazando el cuerpecillo.
-Vamos, vuelve conmigo, hermano, quizás puedas salvar otra vida esta tarde-Se colocó frente a él y chocó su frente con la suya, cerrando los ojos y tomando él a la niña. Cuando los abrió su hermanito lo miraba con sus ojillos destruidos por la pena, pero mas tranquilos.
Ambos se levantaron y caminaron hasta el estanque, donde sus amigos intentaban detener el sangrado con trapos y escarcha. Se los veía muy asustados, pero decididos.
Truti dejó a la pequeña en la sombra del avellano, junto a Nocte, y corrió él a ayudar al venado
Nocte se quedó allí, mirando a la niña con expresión perdida y no se movió de su lado en lo quedó del día.
El venado no sobrevivió.

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NAF es mi firma, cualquier dibujo que encuentren con esta firma y no pertenece a una cuenta con nombres derivados de "NaiquiFigue, NaiquiF, NAF, BRAZANAF" no es mío y se agradece que se me comunique.

Esta historia puedes encontrarla en Sonic the Hedgehog Amino! Donde subo primero los capítulos y donde actualmente estoy escribiendo el capítulo 9.

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Los quiere, Naiqui

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