lunes, 15 de abril de 2019

[6] Demasiada carga

La Dúo había ocasionado mas daño del que había esperado. Sus compañeros no se encontraban bien, había sido un golpe demasiado duro para ellos, sobretodo siendo tan jóvenes.
Cielo estaba asustado y miraba a su alrededor cada exactamente tres pasos. Esto irritaba un poco a Trutius, pero se negó a pensarlo demasiado.No quería tener que dar explicaciones que podrían terminar en discusión.
Nocte no estaba bien. La nariz rosada se veía muy pálida y Trutius sabía, por conocerlo desde que era un bebé, que se guardaba para sí las nauseas y el llanto. Haber matado a esa niña lo había afectado mucho, por mas que supiera que estaba haciendo lo correcto, ahorrándole a la niña una muerte lenta y dolorosa. Su hermanito caminaba delante del grupo, extendiendo y retrayendo las garras y soltando pequeñas chispas.
Truti dudaba que volviera a decir palabra en lo que quedaba de la semana.
Miró detrás suyo. Muaro parecía mas pensativo de lo normal, cojeando aún por los arañazos. Parecía estar a punto de preguntar algo, pero en las anteriores cuatro veces se había retractado en e último segundo,mirando a Nocte.
-¿Que quieres preguntar, Mur?-Preguntó con tono cansino. No encontraba energías para tratarlo con el desagrado  usual, parecía como si el gato negro y blanco que era su pariente le hubiese contagiado el desasosiego.
El aludido lo miró algo sorprendido, pero no desperdició su oportunidad.
-¿De qué elementos creen que fuera?
-El venado era un Dom-Respondió Cielo, profiriendo un largo gañido de lamento. Para ser la primera vez que veía ver morir a alguien, lo estaba sobrellevando muy bien. Trut se preguntó si sería cosa de todos los Wynsers.- debió de ser su padre.
-No debió verlo venir...La niña explotó cuando estaba junto a él, de seguro ni siquiera sabía lo que e-era...Debió de pensar que estaba enferma o algo así...-Murmuró Nocte, de espaldas al resto.
Truti lo vio temblar y bajar las orejas. Debía de sentirse fatal. Se acercó a él y enrolló su cola con la suya mirando a Muaro con súplica.
El muchacho azul no volvió a hablar del tema.
Caminaron juntos la mayor parte de la tarde, deteniéndose a recoger alguna seta o planta que Mur reconocía como comestible.
Se detuvieron agotados entre unas rocas, a orillas del arroyo, y colocaron las trampas. La luz de sol, oculto tras las nubes, disminuyó rápidamente, por lo que encendieron una pequeña fogata.
Mur se acercó al agua y moldeó un tazón de lodo, para luego acercarse a Trutius.
-¿Puedes calentarlo?
-¿Me ves cara de horno o qué?-Respondió irritado mientras se reincorporaba. Tomó la pegajosa sustancia y la miró en silencio.-¿Cuanto tiempo?
-N-no estoy muy seguro...-Truti puso los ojos en blanco.
-Necesitará tiempo-Dijo y convocó el calor a sus manos.
Nocte se dejó caer entre unos matorrales y Cielo se recostó sobre él con una expresión aburrida. Nocte en un principio se puso blanco por el frío contacto, pero luego se dejó estar.
Dos horas después el tazón estaba listo y Muaro, muy emocionado, corrió a llenarlo con agua. Luego se sentó con las piernas cruzadas y hundió el dedo en el agua varias veces, para luego sacarlo y mirar fijamente el agua.
-¿Que haces?-Le preguntó Cielo y Nocte entreabrió los ojos.
-Me entero de las noticias.
Cielo y Nocte miraron a Trutius, reclamando una explicación que el gato blanco y negro no podía proporcionarles.
-He oído que los Quos pueden comunicarse a través del agua, pero nunca supe con seguridad como lo hacía.
-¡Guarden silencio! Intento concentrarme.-Reclamó Muaro con un gritillo, mirando como una serie de gotas saltaban levemente por encima del tazón.- ¡Es un mensaje del Rey Walter!-Gritó de pronto.
Todos se inclinaron hacia adelante para escuchar. Un mensaje del Rey de los Quos debía de ser importante, en especial si era comunicado desde un medio tan secreto.
-"El Reino del Fuego... Ha sufrido un terrible...¿fauga? ¡Oh, fuga!...En una de sus mas conocidas prisiones (Carbonada)"-Se aclaró la garganta y siguió traduciendo el chapoteo- "y ha pedido auxilio a nuestro reino...para capturarlos...puesto que se presume que han huido por el mar hasta nuestras...tierras..."-Mur frunció el ceño-"Hemos formado una alianza temporal en la que... las Flamas... Busquen en nuestros mares a sus fujitivos, entre los que se esconde un Dúo... a cambio de protección contra los mismos y una futuro favor..."-"Esto es muy extraño", comentó la nutria-"Se presume que el Dúo (una iguana gris) pudo haberse infiltrado en nuestro reino, por lo que se tomarán las debidas medidas de seguridad (en la que se involucran las Flamas) para encontrarlo y liquidarlo, además de la captura de los prófugos. Se les ruega a los ciudadanos...informar acerca de cualquier actividad sospechosa y guardar la calma para preservar el orden, muchas gracias".
Un viento helado recorrió el páramo. Mur dejó el tazón en una roca junto a él y miró a sus compañeros con el ceño fruncido.
-Flamas en el Reino de los Mares-Murmuró por lo bajo, aun sin creérselo. Si bien ambos reinos habían dejado las guerras hacia ya varios años, la rivalidad y la desconfianza seguía allí.
-Aliados...-Cielo negó varias veces con la cabeza.- No tiene sentido, ¿aliarse por tan solo una fuga?
-Está claro que este Dúo tiene un buen papel en esa alianza, Cielo, mi Rey debe saber que esta es la mejor manera de proteger a nuestra gente-Muaro apoyó el mentón entre las manos y pensó, con las orejas echadas hacia atras.
Nocte había comenzado a temblar violentamente, tomándose la cabeza con las manos con desesperación.
-¿Que haremos ahora? ¡No podemos ir al Reino de los Mares, no mientras exista esa alianza!..¿Que haremos ahora?-Murmuró esto último tomándose del morro.
Trutius respiró hondo y se reincorporó. Si bien tenía ganas de ceder ante el llanto, de nuevo se veía obligado a mostrarse fuerte.
-Nos estamos quedando sin opciones-Suspiró y miró a Cielo- No podemos llevar al Wynser allí y mucho menos a nosotros dos, sería como servirles un delicioso postre.-Miró al resto de sus compañeros con decisión, proteger a Nocte se volvía mas dificil cada vez y sintió el mismo sentimiento que cuando los encontraron en la Pradera, en aquel lugar tan desolado y oculto, donde pensaban que nadie podía encontrarlos.-Tenemos que pensar enun plan B
-Trutius, éste era el plan B-Nocte estaba enojado, y entendía porqué, era otra vez presa de esos ataques de: "Mi vida es un asco" y frustraciones similares relacionadas con: "por qué a mí?" "Si tan solo fuera un chico normal..." entre otras.
-¡Pues haremos un Plan C!-Gritó con frustración.-No podemos quedarnos aquí lamentándonos, tenemos que hacer algo.-Se cruzó de brazos, negándose a ceder ante la situación.-¿Quien tiene un mapa?
-Yo lo recuerdo bien-Se limitó a decir Muaro, tomando una vara y comenzando a dibujar en el lodo.
Cuando los cinco reinos se vieron claros en el suelo, Trutius tomó otra vara y les dijo que se acercaran.
-Veamos, el Reino del Fuego es el primer descartado-Tachó el territorio con la vara- El Reino del Hielo igual.
-¿Por qué el Reino del Hielo?-Preguntó Cielo con inocencia.
-Somos Flamas, idiota-Truti puso los ojos en blanco y continuó- E Reino de la Tierra sería una buena opción, pero lo descartaré por su fiel alianza con el Reino del Fuego.
Mur hizo una mueca ante esto, pero no objetó.
-El Reino de los Mares, lamentablemente nuestra antigua mejor opción, queda descartado también-Suspiró y tachó el territorio.-Lo que nos deja unicamente con este reino, el Reino del Bosque.
-Tampoco te consideres muy afortunado, Trutius-Cielo le quitó la vara- El Rey Forest y el Rey Winter son amigos desde mucho antes de que el reino reviviera-Lo tachó con una mirada sombría.-Y no hablemos de los cazadores, las trampas, demonios, bandidos, plantas que te deboran, la falta de comida...
-¡Okey, okey! Dame mi vara-Se la quitó de un tirón y volvió a tachar el Reino del Bosque.- ¿Que nos queda?
Los cuatro hombres miraron el mapa con tristeza, no había ni un solo reino libre de su cruz descartadora.
-Nada.-Susurró Nocte, con profunda tristeza.
-Aún tenemos las Zonas Neutrales-Muaro redondeó con su propia vara la zona del Desierto de Flores, la Selva y la Tundra profunda-La Playas no son muy seguras ahora, pero aún tenemos esos tres sitios.
-Nosotros nos criamos aquí-Apuntó Truti el Desierto de Flores con tristeza.-La Tundra es inevitable incluso para el mas preparado de los Wynsers y la Selva...-Suspiró- No sé que hay allí.
-¿Que hay de las Cordilleras? La pequeña y la grande-Ofreció Cielo.
-La Gran Cordillera está al total control del Reino del Hielo y del Reino de la Tierra, saben todo lo que ocurre allí.-Respondió el sabelotodo.
-¿y qué hay de la Pequeña Cordillera?-Preguntó Nocte, al mas esperanzado-¿No es allí donde vive el Tío Higue, Trut?
Truti lo consideró por un momento. Su tío materno era un buen hombre, un viejo gato montés que vigilaba a la villa en la Cordillera y rescataba a excursionistas perdidos. No  sabía nada de Nocte y mantenía una personalidad tranquila y receptiva, no tendría problema en ocultar a dos errantes, un Qúo y un Wynser.
-En realidad no es una mala idea-Sonrió al final.
-¿Quien es Higue?
-Nuestro tío, hermano de nuestra madre y una Flama muy abierta, podríamos ocultarnos allí hasta que sepamos que hacer.
-¿Están seguros que nos aceptará? ¿No lo meteremos en problemas?-Mur se levantó y los miró muy serio. Truti se alegró que considerara las dificultades.
Nocte asintió varias veces.
-Con las fuerzas del Reino del Fuego en el mar, no se concentraran en buscar a un grupo de descarriados en la frontera.
-Entonces está decidido.

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Los quiere, Naiqui

domingo, 14 de abril de 2019

[5] La niña y el venado

-¡Una maldición! -Le gritó Nocte por la mañana mientras recogían los peces de sus trampas. Trutius no había querido forzar una conversación desde la discución de la noche anterior y Nocte tampoco había mostrado mucho esfuerzo en recuperar su buen humor. Había accedido a acompañarlo a recoger las trampas únicamente porque no quería despertar a sus dos nuevos amigos, pero no había hablado durante todo el proceso, por lo que Truti pegó un salto cuando lo oyó gritar aquello y taparle el morro para que no gritara otra barbaridad y atrajera a algún bandido.
-¿Quieres bajar la voz? ¡Harás que nos encuentren!-Lo soltó con un movimiento brusco y lo miró con el ceño fruncido-¿Y que es eso de una maldición?
-Decía-Continuó tranquilo mientras se acariciaba la nariz- Que eso es lo que puedo decirles a los muchachos, que todo se trata de una maldición.-Terminó sonriente. Era increible como a veces lograba parecerse tanto al niño pequeño que recordaba.
-Deja de decirles así, no son mas que niños molestos-Gruñó Trutius mientras bostezaba
-Ajá. Tu mismo lo haz dicho, no tardarán en sospechar, ya incluso siento la mirada de Mur cada vez que me volteo, decirles la verdad sería lo mas inteligente y aligeraría un poco e ambiente.
-No estarás pensando en...-Comenzó Trutius abriendo bien grndes los ojos, no podía decirles, simplemente no podía.
-¡No se los diré diractemente!-Miró nervioso al rededor y susurró- Les diremos que tengo una maldición-Abrazó su mientras el sol ocultaba sus ojos tras los lentes- Cosa no muy alejada de la realidad, una maldición hecha por un demonio antes de que naciera que genera los temblores.
El gato blanco se llevó la mano a su corta barba y pensó por un momento lo que le planteaba su hermano. La idea no era mala, explicaría casi cualquiera de los síntomas que tuviera Nocte (excepto el mas extremo, eso era inocultable), e por qué ambos estaban huyendo (En el Reino del Fuego la brujería estaba prohibida) y, si tenía algo de suerte, ambos niños los ayudarían a ocultarse.
Movió la cola, incapaz de concerderle con palabras la victoria a su hermano.
-¡Eso es un sí!-Rió Nocte, mas contento de lo que lo había visto en meses.-Pero tendrás que decircelos tú.
-¿Qué? ¡Ni hablar! Es tu idea, son tus amigos y es tú problema.-Estalló Truti, feliz de poder reporcharle algo. ¿Como podía siquiera sugerirlo? ¿él, que odiaba esos niños mas que a cualquiera? Indignación era la palabra que mejor encajaba.
-¡Por favor!
-No, ya eres mayor, no puedes seguir dependiendo de mi para hacer el trabajo dificil.-Dicho esto tomó todos los peces, se los colocó al hombro, y volvió a su improvisado campamento, dejando tras de él a un Nocte malhumorado y frustrado.
Media hora después los cuatro se encontraban desayunando (pescado, como siempre), sentado alrededor de los restos de la fogata.
-Nocte.
-¿Que ocurre Shielo?-Preguntó el aludido quitándose una espina de la boca.
-¿Por qué tiemblas?-Preguntó con inocencia, mirándolo con sus penetrantes ojos celestes.
Muaro se había paralizado, y miraba a Nocte con incluso mas intriga que el cachorro, con el pescado aun en la boca.
-¡Y-yo no tiemblo!-Respondió deprisa y Trutius no pudo evitar pisarle la cola. La oportunidad se había presentado antes de lo esperado y el idiota no se animaba a aprovecharla.
-Si lo haces, muy seguido en realidad-Mur tragó sonoramente-Estás temblando ahora mismo.
-¿Que...?-Se miró a sí mismo y, en efecto, temblaba. El hecho de que no se diera cuenta preocupó en gran medida a Trutius, aquella horrorosa fecha se acercaba a grandes y sonoros pasos.-¡Ay! ¿Que? ¡Oh, sí!
Se acomodó en su roca y miró a sus amigos, los nervios acentuaban sus temblores.
-Tengo una maldición.
Cielo comenzó a toser violamente, se había tragado una espina que salió con una simple palmada por parte de de Muaro, que luego permaneció de pie frente al gato negro y blanco.
-¿Una maldición?
-Cuando nuestra madre estaba embarazada de él-Decidió seguir Truti, al ver como el pelo de su hermano se erizaba.- yo tenía un mentor que me ensañaba todo lo referido al infierno y sus demonios, que luego de varias discusiones maldijo a mi madre y luego huyó.-Sintió como Nocte se encogía junto a él, sabía que no se trataba de ningún mentor-Nuestra madre murió y Nocte quedó maldito de por vida.-Terminó el relato sintiendo el típico fuego en el estómago cada vez que pensaba en la muerte de su madre.
-¡Que triste!-Murmuró Cielo, mirandolos a ambos, con mas emoción de la normal en sus ojos de Wynser.
-¿Por eso es que tiemblas, porque te han echado una maldición?-Mur lo miraba con el ceño fruncido, sin tragárselo del todo.
Nocte se limitó a asentir, ahora mas serio.
-Tiende a empeorar durante los cambios de estación, no paro de temblar, mis llamas se descontrolan y apenas puedo pegar el ojo por el nerviosismo que me provoca, en los bosques hay mucha sombra-Miró con fingido nerviosismo a la inmensidad que lo rodeaba, sabiendo que en las sombras solían ocultarse los demonios.
-Tiene sentido, lamento lo de su madre-Respondió Mur luego de analizar la situación, asintiendo lentamente.
Los hermanos asintieron y se miraron con algo de sorpresa. Ambos habían reaccionado bien. Demasiado bien.
-Y supongo que por esa razón huyen de su Reino-Continuó Muaro entrecerrando los ojos- las Flamas no soportan ni tan solo la mas indirecta mención de la brujería desde lo que le ocurrió al Príncipe Brazor hace cuatro generaciones.
-Eh...Sí-Respondió Truti, poniendose nervioso. La gran inteligencia de la Nutria lo ponía muy nervioso.
-Tiene sentido-Repitió, haciendo otra pausa, para luego comer otro pescado.
Decidieron caminar un tanto hasta llegar a una hermoso y oculto estanque de gran tamaño y profundidad, en la que decidieron pasar el día y descansar.
Mur se zambulló al agua casi de inmediato y se ofreció a lavar la ropa de todos, llenas de escamas de pescado y polvo.
Cielo se limitó a sentarse en la orilla, con lo pies en el agua, mirandola con curiosidad. Truti se recostó en unas rocas por donde corría la salida del agua y las calentó hasta sentirse a gusto, y Nocte meditó (sin sacarse la ropa, afirmando que ésta estaba limpia) del otro lado del estanque, donde un enorme avellano le proporcionaba agradable sombra.
El día era hermoso, la temperatura del aire y del agua ideal y no había mas que el ruido de la brisa en las hojas que los molestara.
¡BOOOOOM! y un grito desgarrador.
El corazón de Trutius se detuvo violentamente y dirigió una mirada veloz hacia su hermano. Nocte estaba sentado, muy tieso, y completamente erizado, a la sombra del árbol, con lo ojos desorbitados del horror.
Se levantó de un salto y echó a correr hacía donde provenían los gritos. Truti se colocó rápidamente sus pantalones y lo siguió tan rápido como le permitieron sus piernas.
¡No podía ser! Habían elegido ir por el bosque para evitar que ésto ocurriera. Evitar detenerse en su camino era con el objetivo de evitar situaciones así.
Sintió a los otros correr detrás de él y vio a su hermano a pocos metros.
Se detuvo en secó, siendo empujado por los niños hacia adelante, pero recuperándose al instante.
Frente a él, estaba Nocte, parado muy atento frente a una pequeña niña (una pequeña cierva de no mas de 8 años), ambos parados sobre un enorme crater en el suelo. Junto a ellos había un cuerpo muy maltrecho de un gran ciervo de enormes astas, apenas parecía respirar y sangraba de todos lados, rodeado de fragmentos de rocas.
En una Dúo. Lo supo con un escalofrío que creía haber superado.
Aquella niña era un Dúo y acaba de explotar, había herido al que parecía ser su padre y ahora Nocte estaba parado frente a ella, mirándola fijamente, sin dar cuenta del peligro en el que se encontraba.
-¡Nocte!-Gritó con apuro, tenía que sacar a su hermano de allí lo más pronto posible, pero sabía que no podía arriesgarse a acercarse a la Dúo.
-Trutius-Murmuró Nocte, sin despegar los ojos de la niña, con aquel tono de voz que le ponía la piel de gallina- Váyanse de aquí, ¡Ahora!-Lo miró y Truti vio un destello dorado en sus ojos, promesa de un desastre inminente.
-¡El hombre aún respira!-Gritó Muaro, que quien sabe como había llegado al otro lado del claro, sentado junto al venado.
La niña se echó a llorar y la tierra tembló bajo ellos. La cervatilla cambió, y piel pasó a ser de un dorado brillante. Había cambiado a su otra forma.
Nocte la envolvió entre sus brazos y gritó, ahora con mas urgencia que antes.
-¡VÁYANSE! ¡TOMEN AL VIEJO Y CORRAN TODO LO LEJOS DE AQUÍ QUE PUEDAN!
Trut empujó a Cielo, que estaba paralizado mirando a la niña, y ambos corrieron a ayudar a Mur a sacar al hombre de allí.
Truti permitió que los otros lo arrastraran y volvió junto con su familiar.
La niña lloraba y gritaba, mientras el suelo se resquebrajaba debajo de sus pies.
Nocte, ya libra de las miradas de sus amigos, protegía a la pequeña niña con aquella faceta suya fiel y paternal, negándose a soltarla. Truti entendía que ambos la miraban de manera diferente, aquella era una niña pequeña, perdida en su propio poder y cuerpo, que acababa de perder a su padre a causa de su descontrol y que ahora no podía detenerse.
Un destello de luz manó de ella y lo encegueció.
Un ¡Boom! y su cuerpo chocó contra un árbol.
Otra explosión y Trutius abrió los ojos. El claro se había ampliado, los árboles yacían rotos y muertos en el suelo y Nocte...
Estaba arrodillado, sentado en el centro del cráter, con el pequeño cuerpo de la niña entre sus brazos, sollozando con una voz ronca impropia de él.
Truti se acercó lentamente, la espalda le dolía. Se inclinó junto a él y vio a la niña. Tenía el cuello roto.
-Yo no....y-yo no quería...-Murmuraba el muchacho, mirándolo con los ojos enteramente amarillos anegados de lágrimas.
-Lo has intentado, hermano.-Se limitó a decir el gato, posando una mano en su hombro. Dichoso era el destino de los hijos malditos, nacidos del intento de revertir el juego. Repitió estas palabras a su hermano menor.
-¡Tuve que matarla! ¡I-intenté el bloqueo, Trutius! De veras que lo intenté-Sollozó el minino, abrazando el cuerpecillo.
-Vamos, vuelve conmigo, hermano, quizás puedas salvar otra vida esta tarde-Se colocó frente a él y chocó su frente con la suya, cerrando los ojos y tomando él a la niña. Cuando los abrió su hermanito lo miraba con sus ojillos destruidos por la pena, pero mas tranquilos.
Ambos se levantaron y caminaron hasta el estanque, donde sus amigos intentaban detener el sangrado con trapos y escarcha. Se los veía muy asustados, pero decididos.
Truti dejó a la pequeña en la sombra del avellano, junto a Nocte, y corrió él a ayudar al venado
Nocte se quedó allí, mirando a la niña con expresión perdida y no se movió de su lado en lo quedó del día.
El venado no sobrevivió.

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