Han pasado 5 años desde última guerra contra el Reino del Fuego, conocida como La
Primera Retirada; la única batalla perdida del Reino del Hielo.
Este Reino era conocido por su gran fuerza e inteligencia militar, usando unos túneles que recorren todo el continente para atacar por sorpresa y adaptando el terreno a su favor. Sus soldados son fríos, ávidos de sangre y gloria, letales con sus víctimas y, por lo que se rumorea, invencibles.
Cola Blanca era uno de aquellos soldados que pelearon fervientemente en las lineas del frente, siendo estas abatidas por una nueva arma del enemigo: La Vara del Dragón. Esta arma, de última tecnología, escupía lava ardiente a sus adversarios.
Fue la causa que le dio el nombre a dicha guerra, obligando al Rey Winter a dar la retirada y proteger a su ejército.
El padre de Ojos de Cielo no sobrevivió, siendo lo único que conservaba de él un mechón de su distinguible cola blanca y una bufanda roja que colgaba en su cuello en honor a su progenitor.
Cielo, adaptado ahora a llevar una vida sin padre, se preparaba para su primer día como Aprendiz de la Guardia Real. Esta exclusiva oportunidad le fue dada por dos razones: El ser un lobo (como la mayoría de los soldados y el mismo Rey) y ser el hijo del conocido Cola Blanca, que antes de morir había informado al Rey de la debilidad de la misma arma que lo mató minutos después. Para él esto significaba un gran honor, puesto que podría vengarse por la muerte de su padre y demostrar su valía.
Salió de su pequeña casa y corrió hacia el Palacio de Cristal, un enorme edificio al borde del altiplano donde vivía.
Sus vecinos y amigos lo saludaron y le desearon suerte al pasar, mientras él procuraba no tropezar en la nieve.
Llegó a la entrada y tocó suavemente la puerta mientras contenía la respiración. No cabía en la emoción.
Una eriza crema claro abrió la puerta con una sonrisa, era bastante anciana y amada por todo el pueblo.
-¡Pero si es el pequeño Cielo! ¿Ya has cumplido los 15 años?
Esa era la edad mínima para ingresar en la guardia, pero el Rey en persona (mientras le pedía otra copa en el bar) le había preguntado la noche anterior si el día de hoy iba a comenzar su entrenamiento. Le explicó ésto rápidamente a Doña Malia.
-¡Que afortunado! Ven, pasa, eres uno de los últimos en llegar-Abrió la puerta y lo invitó a entrar.-¿Recuerdas como llegar al patio trasero?
-Ehm... No-Entro a la enorme sala con un escalofrío de emoción, nunca había entrado allí antes. El lugar estaba hecho totalmente de hielo, que reflejaba la luz del sol con hermosos destellos.
-Mira, sigue por este pasillo- Lo señaló con su pequeña mano- luego gira a la derecha y toma la primera puerta, ¿Lo recordarás?
-Si, muchas gracias Doña Malia.
-¡Cuando termines pásate por mi cabaña! Haré sopa de Lanudo-Le grito al verlo correr hacia el pasillo.
-¡Así lo haré!
Si algo adoraba de vivir en aquel altiplano era la estrecha confianza que tenían todos allí con sus vecinos; era un pueblo pequeño, de no mas de 200 habitantes, pero se querían como si fueran hermanos y el Rey Winter, al que apodaban como Ice, como el padre de todos ellos.
Abrió la puerta del patio, saliendo a un enorme jardín. Una ínfima capa de cristal impedía que la nieve cayera en las hermosas plantas, dando un aspecto cristalinos a todas las rosas y demás flores.
El calor se hacía notar y el nerviosismo, proveniente de un pequeño grupo de adolescentes bajo un árbol, podía cortarse con la garra de un lobo viejo. Se acercó al grupo procurando mostrar confianza.
-Pero miren quien se ha presentado, ¿Como te encuentras, Ojos de Cielo?-Lo saludó un lobo blanco llamado Cal.
-No sabía que te quisieras entrar en la guardia, Cal, creía que tu familia era pacifista.
-Lo son, aún-El oji-ambarino puso los ojos en blanco.- No entienden que nosotros no buscamos las guerras, ellas nos buscan a nosotros.
El pequeño grupo soltó unas risas y Cielo reconoció a Copo Azul, Alec y, sorprendentemente, a Flor Blanca.
-Creía que las mujeres no podían participar en la guardia.
Flor Blanca se sulfuro y echo hacia atrás sus pequeñas orejas de hurón, chispeando con sus ojos rosados.
-He decidido ponerla a prueba, Ojos de Cielo.
Los niños voltearon hacia su Rey con cierta sorpresa. El pelaje azul intenso de su gobernante contrarrestaba fuertemente con los aprendices, pero encajaba de una manera misteriosa.
-Su pertenencia en la guardia dependerá de su desarrollo en este entrenamiento, al igual que el resto de ustedes.
Los aprendices se llevaron la mano al pecho y bajaron la mirada y las orejas en señal de respeto.
-Basta ya de eso, saben que pueden tratarme como un Wynser cualquiera-Sus ojos celestes centellaron con irritación.-Supongo que ya son todos.-Los miró con cierta decepción.- Vayamos al patio central.
Los seis Wynsers caminaron entre los rosales y los arbustos hasta llegar a un enorme claro.
-Como bien sabrán,algo que nos diferencia de los otros cuatro Reinos es nuestra fuerza militar, nuestros entrenamientos son mas rigurosos, nuestros soldados mas fuertes y nuestros túneles, nuestra ventaja ¿Alguno podría decirme la importancia de esto último?
La mano celestina de Copo Azul se alzó por sobre las cabezas.
-Dado que solo los Wynsers pueden orientarse en el laberinto, los otros reinos jamas saben de donde venimos exactamente, teniendo siempre el factor sorpresa de nuestro lado.
-¡Exactamente! Bien hecho, Copo Azul.-El pequeño lobo movió la cola.-Los túneles fueron un regalo de paz de parte del Reino de la Tierra, dado hace miles de años. Ellos nos entregaron su único mapa y nosotros lo hemos estudiado y explorado hasta que el mapa se nos hizo obsoleto, por lo que se lo devolvimos a sus dueños para mantener la buena confianza.
Los niños lo miraban con simple asombro.
-Hoy en día nuestro ejercito está conformado casi exclusivamente por lobos, aunque hay algunas excepciones de gran valor-Dirigió una mirada a Flor Blanca, que sonrió.- Los lobos tienen el don del olfato, del aullido y del sentido de manada, lo que garantiza una perfecta organización a la hora de atacar desde abajo.-Creó una varilla de hielo y dibujó una serie de líneas que Cielo imaginó como túneles.-Imaginen que aquí-Hizo una cruz-aquí y aquí hay tres lobos y aquí...ehm... un conejo.-Se encogió de hombros- Cada uno viaja por un túnel distinto siguiendo el olor de una patrulla que pasó hace media hora, pues bien, los tres lobos viajarán con tranquilidad guiándose por su olfato, pero el conejo se perderá y se tomará con un Monstruo, el conejo gritará para advertir a su equipo, buscando su ayuda, pero su grito no traspasará las paredes, ya que solo los aullidos lo hacen; luego los lobos, sintiendo que alguien falta en su grupo, vuelven a buscar al conejo y lo descubren muerto y devorado.
El pequeño grupo habían encerrado entre ellos a Flor Blanca sin saberlo, aterrados por la idea de que a ésta le ocurriera lo mismo.
-¿Lo entienden ahora?
-S-si.-Respondió Alec.
-Pues eso es todo por hoy.
-¿QUÉE? -Gritaron todos.
-Quiero que piensen en los que les he contado hoy y que sean conscientes de que, si se pierden en los túneles, ya pueden darse por muertos.-Su Rey los miró muy serio, pero luego cambió su expresión a una cálida- No hay ninguna vergüenza en renunciar, nadie los obliga a estar aquí, pero si a mantener el secreto, ¿entendido?.
-Si-Respondieron todos a la vez.
-Pueden irse todos menos Flor Blanca, quiero hablar contigo pequeña.
Cielo se fue prácticamente corriendo de allí, embargado por un terrible frío en el pecho. Corrió por el Palacio hasta dar con la salida y se dirigió hacia la florería.
"Si se pierden en los túneles, ya pueden darse por muertos"
Esquivó a un pequeño niño y su madre y patinó en el hielo.
"viajarán con tranquilidad guiándose por su olfato, pero el conejo se perderá"
Por fin en la florería, Solo, el leopardo de las nieves, se encontraba limándose las garras con pereza.
-¡Solo!
El felino se cayó de su silla.
-¡Cielo! ¡No vuelvas a darme esos sustos!-Soltó el aire y se reincorporó.- ¿Que ocurre, lobato?
-¿Cual es la flor mas olorosa que tienes?
-Ehm... Creo que me queda algo de lavanda, ¿Para que la quieres?
-¿Puedo olerla?
El gato manchado hizo una mueca.
-Tienes que pagarla.
-¡Es solo sentir su aroma!
-Está bien, pero solo un segundo.-Se marchó hacia el invernadero que tenía detrás.
Cielo tomó su cola sintiendo un terrible peso en el pecho mientras la historia del conejo se repetía en su mente una y otra vez, enloqueciéndose en lo que le pareció una eternidad.
-Aquí tienes, pero solo debes olerla, nada mas-Acercó una maceta con flores violetas al mostrador.
Cielo se acercó a las flores y aspiró con fuerza, esperando sentir algo.
Volvió a aspirar.
Otra vez
y otra vez
y otra vez, hasta que se separó del mostrador con lágrimas en los ojos.
Solo apartó las flores y lo miró con cierta pena.
-¿Que ocurre lobato?, ¿Ha pasado algo en casa?
-No puedo oler-Murmuró con un hilo de voz.
-¿Que?-El Leopardo se acercó mas.
-¡No puedo oler nada, Solo! ¡No siento nada! -Explotó el niño, largándose a llorar.
-¿Como que no puedes...?-Solo volvió a tomar la maceta y se la cercó a su diminuta nariz, apartándola de un resoplido.-¡Pero si se huele a kilómetros! ¿De verdad que no lo hueles?
Cielo negó con la cabeza y se abrazó a si mismo. Se sentía fatal. Había sospechado que tenia algo extraño de pequeño, que no disfrutaba de las flores como los demás o que no era demasiado bueno jugando al Perro Escondido, pero jamás se le habría ocurrido pensar que no podía, que no era capaz de sentir ni el mas fuerte de los olores.
Unos brazos cálidos lo levantaron y lo empujaron.
-Ven, entremos a la casa y tomemos un té, allí podrás contármelo todo.
Cielo esperó a que Solo cerrara la tienda y lo siguió hasta su pequeña cueva debajo del invernadero. El niño se recostó en contra la fría pared mirando como el mayor preparaba el té.
-¿Hoy a sido tu primer día en la guardia, verdad?
Cielo asintió mientras tomaba la bebida caliente y dejaba que sus manos la enfriaran.
-Ya veo cual es el problema, Ice te ha contado la historia de el ratón.
-Conejo.
-Ya, esa que habla que si no eres un lobo hecho y derecho, te mueres.
Cielo bajó las orejas.
-Y esto significa... Poder aullar y olfatear-Esto último lo dijo con cierto asco y burla.-Ahora que lo pienso, nunca te escuchado hacer ruido alguno, Ojos de Cielo-Bebió de su té mirándolo con curiosidad.
-No puedo hacerlo.
-¿No?
El muchacho negó suavemente. Las pocas veces que lo había intentado, la voz se le cortaba en la última y más importante nota y pasado a toses, algo normal entre los cachorros de lobo... de cinco años.
Se llevó una mano al rostro, sintiéndose un estúpido e inutil.
-¿Y qué harás? El ratón se pierde por no encontrar el camino a través del olor, ni poder llamar a sus compañeros a través del olfato.
-No puedo abandonar el entrenamiento, mi padre soñaba conque yo estuviera en la guardia y defendiera el reino tan bien como él.
-Pero, ¿que hay de los túneles?
-Hablaré con el Rey llegado el momento, pero hasta que eso ocurra, le demostraré que soy bueno en todo lo demás y entonces a él no le importará que no pueda utilizar los túneles-Se dijo convencido.
-Bien dicho, lobato.-Sonrió el leopardo de las nieves.
Ja, como si esas cosas pasaran. Era el peor de su grupo en cualquier actividad que se propusiera, hasta incluso Flor Blanca, que había decidido quedarse, lo había superado en los entrenamientos físicos y estratégicos. Su situación era lamentable.
Por fin llegó el día en el que los niños debían internarse en los túneles. Tan solo debían hacer una corta distancia desde el palacio hasta la frontera con el Reino del Bosque, en la otra punta del Pueblo.
Maldito fue Winter cuando fue Cielo a contarle de su problema, riendose en su cara y metiendolo en el hoyo de una patada.
El lugar era oscuro, pequeño y húmedo. Cada quien había tomado un camino diferente y a Cielo le tocaba el camino mas recto, corto y sensillo de todos, no muy lejos de la superficie. Habían practicado con anterioridad cómo abrir un hoyo y como orientarse en los túneles con respector a arriba y abajo, por lo que empezó a caminar.
10 pasos después se encotraba la primera bifurcación, de cinco hoyo distintos, uno hacia abajo, tres hacia el frente y uno hacia arriba. Tomo el del centro y siguió caminando.
El aire era pesado y apenas podía ver, intentó sentir algún aroma, pero sus esfuerzos solo lo llenaron de frustración.
No tardó demasiado en no recordar que agujero debía tomar y convencerse a sí mismo de que debía de ser el del centro otra vez. Otra bifurcación y lo mismo de antes.
Se desesperó al sentir que comenzaba a descender y tomó ahora los hoyos mas altos.
Comenzó a correr y le pareció que el túnel era igual que el anterior, ¿Había estado yendo en círculos? Abrió un hoyo sobre su cabeza, pensando que estaba cerca de la superficie. Se aventuró entre los túneles centrales y altos hasta sentir que ya había pasado demasiado tiempo y que ya debía de haber llegado. ¿Como estarían los demás? Probablemente ya habrían llegado, Flor Blanca quizás con un poco de ayuda.
Intentó aullar y solo un gañido salió de su boca. El ruido ni siquiera hizo el mas leve eco.
Tomó otro túnel hacia arriba y ya sentía que habían pasado dos horas. LA tierra se sentía mas cálida y la asoció con una cercanía a la superficie. Echó a correr sintiendo de nuevo ese frío en el pecho, tomando túneles al azar y rogando porque estos lo llevaran a la salida.
Abrió un nuevo hoyo sobre él y apareció en una cueva llena de tesoros. No había tiempo para lujos. Corrió hacia otra boca de túnel y volvió a subir, el aire era mucho mas denso y caluroso y pensó que el Iglú de Solo debía de estarse derritiendo con ese calor.
Abrió otro agujero y su cabeza por fin vio cielo y sintió aire.
El viento le sacudió las orejas y los árboles se sacudieron sobre él.
¿Arboles?
Salió del túnel y cerró el hoyo de un pisotón. Miró a su alrededor.
La vida lo envolvía, había árboles, arbustos y flores que cubrían la tierra, que estaba desnuda y provista de mechones de cabello verde. Aquello debía ser césped. Buscó entre los enormes troncos algún claro nevado que indicara que no se había alejado de la frontera, pero el aire cálido le dio un escalofrío de miedo. Estaba demasiado al sur.
-Vaya, vaya, mira lo que hay aquí.
Cielo volteó, pero el humo negro lo encegueció y lo obligó a caer entre toses. Su atacante debía de ser una Flama. No podía ver y mucho menos oler, pero intentó localizarla con sus orejas. Quizás tendría algo de suerte y si la atacaba de pronto.
-Estás muy lejos de tu hogar, perrito
De pronto, y antes de que pudiera hacer nada, sintió un terrible calor entre los omóplatos, que pareció atrevesarle.
Cielo nunca había sentido tanto dolor. Sabía que los ataques con fuego dolían, pero aquello era demasiado. Sintió como si se derritiera, como si aquella llamarada rascara sin cesar y con cuchillas de metal su espalda.
Gritó con fuerza, incapaz de hacer otra cosa.
¿Así era como había muerto su padre? ¿Tan dolorosa había sido su muerte? ¿Habría sentido él, al igual que su hijo ahora, como su pelo se chamuscaba y como su piel y carne ardía?
El calor se detuvo en seco y ahí fue cuando Cielo sintió el verdadero dolor. La espalda le ardía y escocía, sentía como el fuego se expandía por su cuerpo como pulsaciones.
No escuchó nada mas, tampoco olió nada, sus ojos perdieron el sentido de lo que veía y su cuerpo....ya no sentía nada
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NAF es mi firma, cualquier dibujo que encuentren con esta firma y no pertenece a una cuenta con nombres derivados de "NaiquiFigue, NaiquiF, NAF, BRAZANAF" no es mío y se agradece que se me comunique.
Esta historia puedes encontrarla en Sonic the Hedgehog Amino! Donde subo primero los capítulos y donde actualmente voy por el capítulo 5.
Aquí el link:
Los quiere, Naiqui

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